«¿Yo qué necesito exactamente?» es la pregunta que nos hacen en la primera visita, y casi nunca tiene una respuesta genérica: depende del uso del edificio, de su configuración y de la carga de fuego que albergue. Este artículo no explica qué es cada tipo de protección —eso está desarrollado en nuestra guía completa de protección pasiva contra incendios, que incluye la comparativa punto por punto con la activa—. Aquí vamos directamente a seis situaciones de obra reales y a lo que exige cada una.
Regla de partida: la protección pasiva se decide en el proyecto y se ejecuta con la obra; la activa se instala después y se mantiene toda la vida del edificio. Si se deja la pasiva para el final, sale el triple de cara.
1. Nave industrial de almacenamiento

Es el caso más frecuente y el más exigente. Al aplicar el RSCIEI vigente (RD 164/2025), lo primero es calcular el nivel de riesgo intrínseco y la configuración del edificio, porque de ahí sale tanto la superficie máxima de cada sector como la resistencia exigida a la estructura. Pasiva: ignifugación de pilares y vigas, muros separadores, sellado de pasos de instalaciones y franjas en cubierta y medianeras. Activa: detección, BIE, extintores y, muy a menudo, rociadores, que además permiten duplicar la superficie máxima de sector. Los umbrales concretos están en las superficies máximas de sector en naves industriales.
2. Establecimiento de trasteros de alquiler
El caso que ha cambiado con la reforma de 2025. El CTE DB-SI los considera ahora uso Almacén y fija su clasificación de oficio: riesgo intrínseco medio nivel 5 si la altura de almacenamiento no supera los 3 metros, y riesgo alto si la supera. Con la clasificación cerrada por norma, la compartimentación y la protección de la estructura dejan de ser negociables. Es la tipología donde más proyectos estamos viendo rehacerse.
3. Aparcamiento bajo edificio
Zona de riesgo especial en el CTE DB-SI, y además bajo rasante, donde las exigencias suben. Pasiva: sector independiente del resto del edificio, estructura protegida —casi siempre con mortero proyectado, porque no queda vista— y sellado impecable de las instalaciones que suben a las plantas superiores. Activa: detección, extinción y ventilación de humos. Es el escenario donde una sola perforación sin sellar comunica el fuego con todas las viviendas de encima.
4. Local comercial en bajo de edificio residencial
Aquí el vecino es el que manda: el local debe constituir sector independiente respecto a las viviendas, lo que se traduce en muros y forjado con la resistencia exigida y en el sellado de todo lo que los atraviese. Activa: dotación según superficie y actividad. Es el trámite que más licencias retrasa, y casi siempre por lo mismo: el falso techo se cerró antes de sellar. Lo tratamos en detalle en las medidas contra incendios para abrir un local.
5. Hotel, residencia u hospital

Cuando los ocupantes duermen o no pueden evacuar por sus propios medios, la lógica se invierte: la prioridad deja de ser salvar el edificio y pasa a ser resistir el tiempo suficiente para una evacuación lenta o asistida. Eso se traduce en sectores más pequeños, puertas cortafuegos en todos los pasillos y una detección temprana que dé margen. Es el tipo de edificio donde la pasiva y la activa dependen más una de otra.
6. Reforma de oficinas en un edificio en uso
El caso silencioso. No se construye nada nuevo, pero se tiran tabiques, se pasan cables y se abren huecos en forjados: es decir, se destruye protección pasiva existente. Aquí el trabajo no es proyectar de cero, sino restituir lo que la reforma ha roto, con sellados certificados y reposición de puertas. Suele detectarse tarde, en la inspección, y entonces hay que abrir de nuevo el falso techo que se acaba de cerrar.
Qué se decide primero
Sea cual sea el caso, el orden que funciona es siempre el mismo:
- Determinar el uso del edificio y, por tanto, si aplica el CTE DB-SI, el RSCIEI o ambos.
- Calcular el nivel de riesgo y la configuración, que fijan superficies de sector y resistencias exigidas.
- Definir la sectorización: qué compartimentos hay y con qué EI se separan.
- Elegir el sistema de protección de la estructura según si queda vista o no.
- Resolver los pasos de instalaciones antes de cerrar falsos techos.
- Dimensionar la protección activa y su mantenimiento.
Los sistemas activos que se instalan en cada uno de estos casos —detección, BIE, rociadores y extinción automática— los detallamos en la guía de protección activa contra incendios. Y si lo que buscas es entender los sistemas pasivos y la normativa que los exige, empieza por qué es la protección pasiva contra incendios.
Te decimos qué necesita tu caso
Resolvemos estos seis casos en toda España, también en Zaragoza y en Málaga.
En Ignifugados Armero llevamos la protección pasiva de proyectos de todos estos tipos en toda España. Cuéntanos qué edificio es, qué actividad alberga y en qué fase está, y te decimos qué te va a exigir la normativa y qué cuesta ejecutarlo. Pide presupuesto o llama al 615 95 06 57.



