Un garaje comunitario concentra casi todo lo que un incendio necesita: vehículos con depósitos de combustible, instalaciones eléctricas, trasteros llenos de cartón y muebles viejos, y muchas veces una única salida. Está además debajo de las viviendas, lo que convierte cualquier fallo de compartimentación en un problema para todo el edificio.
El Código Técnico de la Edificación lo trata en consecuencia: al aparcamiento le exige más resistencia al fuego que a casi cualquier otra parte de un edificio residencial. Esta guía explica qué pide exactamente, qué es lo que más falla en la práctica y en qué momentos una comunidad se encuentra con que tiene que actuar.
En 30 segundos: un garaje tiene que ser un sector de incendio independiente del resto del edificio. Los elementos que lo separan de las viviendas deben aguantar EI 120 y su estructura, R 120 — el doble de lo que se exige a muchas plantas de vivienda. Toda comunicación con otro uso pasa por un vestíbulo de independencia. Los tres fallos más habituales en comunidades son los pasos de instalaciones sin sellar, los trasteros sin sectorizar y los conductos de ventilación sin proteger.
El garaje es un sector de incendio independiente
Es el principio del que deriva todo lo demás. El CTE DB-SI, en su sección SI 1 sobre propagación interior, establece que el aparcamiento debe constituir un sector de incendio diferenciado del resto del edificio.
Traducido: el garaje tiene que ser una caja. Si se declara un incendio dentro, el fuego y el humo deben quedar confinados allí durante un tiempo determinado, sin subir por el hueco de la escalera ni pasar a los locales o a las viviendas. Y al contrario: un incendio en el edificio no debe alcanzar el garaje.
Esa caja se define con tres elementos que tienen que funcionar juntos. Si uno falla, los otros dos no sirven de nada —y esto es exactamente lo que ocurre en la mayoría de garajes antiguos.
Qué exige el CTE, punto por punto
EI 120 en los elementos que separan el garaje
Las paredes y los forjados que separan el aparcamiento de cualquier otro uso deben alcanzar EI 120: dos horas manteniendo la integridad (sin dejar pasar llamas ni gases calientes) y el aislamiento (sin transmitir un calor excesivo a la otra cara).
Es una exigencia alta. Para ponerla en contexto, muchos elementos separadores en uso residencial se quedan en EI 60. El garaje pide el doble precisamente por la carga de fuego que acumula y por estar bajo las viviendas. Si quieres entender qué significan estas siglas, lo explicamos en la guía sobre RF-30, RF-60 y RF-90 y su equivalencia REI.
R 120 en la estructura portante
Los pilares, las vigas y los forjados que sostienen el garaje deben mantener su capacidad portante durante 120 minutos. No basta con que el fuego no pase: la estructura tiene que seguir en pie, porque encima hay viviendas.

En la mayoría de garajes la estructura es de hormigón, y aquí aparece un malentendido frecuente: se da por hecho que el hormigón no necesita protección porque no arde. No arde, pero sufre. Con el calor puede desprenderse el recubrimiento que protege la armadura —lo que se conoce como desconchado o spalling— y, una vez expuesto, el acero interior pierde resistencia. Por eso un forjado o unos pilares de hormigón pueden necesitar refuerzo de su resistencia al fuego mediante pintura ablativa o mortero proyectado para llegar al R 120 exigido.
El vestíbulo de independencia
Toda comunicación entre el garaje y una zona de otro uso debe hacerse a través de un vestíbulo de independencia: un espacio intermedio con dos puertas resistentes al fuego y con cierre automático, de modo que nunca haya un paso directo entre el garaje y la escalera o el portal.

Es el elemento que más se incumple en la práctica, y casi siempre por comodidad: puertas de vestíbulo calzadas con una cuña, muelles de cierre desmontados o averiados, o una puerta sustituida por otra que no es resistente al fuego. Una puerta cortafuegos abierta o que no cierra sola equivale a no tener puerta.
Ventilación y control de humo
Un aparcamiento que no tenga la consideración de abierto necesita un sistema de control del humo de incendio. Su función no es apagar nada: es mantener transitable el garaje el tiempo suficiente para evacuar y para que los bomberos puedan entrar a trabajar con visibilidad.
Ese sistema funciona con conductos, y los conductos son un problema de compartimentación en sí mismos: atraviesan sectores. Cuando un conducto pasa de un sector a otro hay que restituir la resistencia al fuego que se ha perforado, y para eso los conductos se protegen —por ejemplo, mediante proyección de mortero sobre el conducto— o se resuelven con compuertas cortafuegos, según lo que fije el proyecto.
Los trasteros: el problema más habitual en comunidades
Casi todos los garajes tienen trasteros, y casi ninguno los tiene bien resueltos.
Un trastero no es una plaza de aparcamiento: es un almacén. Acumula cartón, muebles, textiles, pintura, disolventes, bicicletas, y a veces un congelador enchufado con una regleta. Su carga de fuego por metro cuadrado es mucho más alta que la del resto del garaje, y el CTE los considera local de riesgo especial, con un nivel —bajo, medio o alto— que depende de su superficie y volumen. Cada nivel arrastra sus propias exigencias de resistencia al fuego y de acceso.

Lo que se ve en la práctica: trasteros separados con tabiques de ladrillo sin revestir que no alcanzan la EI exigida, puertas de trastero que no son cortafuegos, y sobre todo paredes que no llegan hasta el forjado. Es un detalle que pasa desapercibido porque queda oculto sobre el falso techo, y sin embargo lo invalida todo: si la separación se queda a medio metro del techo, el humo pasa por encima como si no hubiera pared.
Puntos de recarga de vehículo eléctrico
Es la razón por la que muchas comunidades se plantean el tema por primera vez, y conviene abordarla con orden.
La instalación eléctrica de recarga tiene su propia reglamentación, y el proyecto de la instalación es el que determina las medidas que hay que adoptar. Lo que sí puede pasar —y es lo relevante aquí— es que al proyectar la instalación de recarga salga a la luz que el garaje arrastra incumplimientos previos de compartimentación: pasos sin sellar, trasteros mal separados, un vestíbulo que no cierra. Problemas que ya existían y que nadie había mirado.
Las exigencias concretas para zonas de recarga varían según la ordenanza municipal y la comunidad autónoma, y es un terreno normativo en movimiento. Antes de aprobar la instalación en junta, pide que el proyecto recoja expresamente cómo queda la protección contra incendios del garaje, no solo la parte eléctrica. Sale mucho más barato resolverlo en el mismo proyecto que en una segunda obra.
Qué se ejecuta realmente en un garaje
Resumido, y en el orden en que suele plantearse:

Sellado de pasos de instalaciones. Es lo más frecuente y lo más rentable. Cada cable, tubería o bandeja que atraviesa el muro del sector abre un agujero que anula la EI del elemento. Los sellados cortafuegos la restituyen. Lo desarrollamos en la guía sobre qué son los sellados cortafuegos.
Protección de la estructura y los forjados. Para llegar al R 120 cuando el hormigón no lo alcanza por sí solo, con pintura ablativa o mortero proyectado según el elemento y el acabado que se busque.
Protección de conductos de ventilación. Para que el sistema de control de humo no se convierta en la vía de propagación.
Sectorización de trasteros. Separaciones que lleguen hasta el forjado y puertas con la clasificación que corresponda.
Certificado de lo ejecutado. Cada actuación se entrega con su certificado por unidad ejecutada, que es el documento que la comunidad necesita conservar. Puedes ver qué debe contener en la guía sobre cuándo se necesita un certificado de ignifugación.
Y una nota práctica: si vais a intervenir en el garaje, es el momento de valorar también el pavimento de resina epoxi. No es una medida de protección contra incendios, pero aprovechar la misma obra sale mucho más económico que volver a montar medios auxiliares y desalojar plazas dos veces.
Cuándo se le exige a una comunidad
Rara vez es una decisión voluntaria. Suele llegar por una de estas vías:
Una inspección técnica del edificio. La revisión periódica obligatoria en muchos municipios puede recoger deficiencias de compartimentación en el garaje.
Un requerimiento municipal o de bomberos. Tras una inspección, una denuncia o un aviso.
La instalación de puntos de recarga. Como se explicaba arriba, destapa el estado real del garaje.
El cambio de uso de un local. Si un local del edificio pasa a una actividad distinta y comparte estructura o instalaciones con el garaje, cambian las exigencias.
La compañía de seguros. Algunas aseguradoras piden acreditar la compartimentación al renovar la póliza del edificio, y una deficiencia documentada puede afectar a la cobertura si hay siniestro.
Una obra en el edificio. Cualquier intervención que atraviese el forjado del garaje —una nueva instalación, un ascensor— rompe la sectorización si no se restituye después.
Sobre quién paga: los elementos de compartimentación del garaje son, con carácter general, elemento común, de modo que el coste corresponde a la comunidad y se acuerda en junta. Los trasteros de propiedad privativa pueden tener otro tratamiento. Consultadlo con vuestro administrador de fincas, porque depende de los estatutos y del título constitutivo.
Preguntas frecuentes
¿Es obligatorio ignifugar el garaje de mi comunidad?
La obligación no es «ignifugar» sin más: es que el garaje cumpla las exigencias de sectorización y de resistencia al fuego que le corresponden. En muchos edificios eso se consigue sellando pasos de instalaciones y arreglando puertas y trasteros, sin tocar la estructura. En otros hace falta reforzar forjados o pilares. Lo determina un técnico tras visitar el garaje.
Mi edificio es antiguo, ¿tiene que cumplir el CTE actual?
Un edificio existente no se adapta retroactivamente a cada cambio normativo sin más, pero sí debe mantener las condiciones de seguridad con las que se autorizó, y cualquier obra o cambio de uso activa las exigencias vigentes. En la práctica, cuando llega un requerimiento se trabaja sobre lo que pide ese requerimiento concreto.
¿Cuánto cuesta?
Depende por completo del alcance. Sellar los pasos de instalaciones de un garaje pequeño es una intervención de coste contenido; reforzar la resistencia al fuego de todos los forjados es otra magnitud. Por eso el primer paso siempre es una visita y una valoración por partidas, para que la junta pueda decidir con cifras y priorizar.
¿Hay que cortar el garaje durante la obra?
No entero. Se trabaja por zonas, liberando las plazas necesarias por fases y coordinando con el administrador para avisar a los vecinos. Los trabajos de sellado son poco invasivos; la protección de forjados requiere más medios y más espacio libre.
¿Qué documentación queda al terminar?
El certificado por unidad ejecutada de cada actuación, con los productos empleados, su documentación de ensayo, los elementos tratados y la firma del técnico responsable. Es lo que la comunidad debe conservar y presentar ante una inspección o ante el seguro.
¿Necesitáis valorar el garaje de vuestra comunidad?
Trabajamos con administradores de fincas y comunidades de propietarios en protección pasiva de garajes y aparcamientos: sellado de pasos de instalaciones, protección de forjados y estructura, conductos de ventilación y sectorización de trasteros, con certificado por unidad ejecutada.
Enviádnos el plano del garaje o el requerimiento que hayáis recibido y os preparamos una valoración por partidas, para que podáis llevarla a junta con cifras claras. Solicitar valoración.
Atendemos comunidades de propietarios en toda España, también en Zaragoza y en Burgos.



